La escucha, es la capacidad de utilizar conscientemente su oído con
el fín de comunicar.
Desafortunadamente, si la escucha está demasiado perturbada, va a
provocar problemas. Algunos de ellos tienen que ver con la
posibilidad y el deseo de comunicar eficazmente con los demás.
Además, no se dice que ¿no existe peor sordo que él que no quiere
oír?
Es necesario recordar que tener una buena escucha no implica
necesariamente tener una buena audición. La escucha se caracteriza,
por una intención real de comunicar así como por una calidad de
percepción y de interpretación del mensaje sonoro recibido.
Entonces, se evalúa por la calidad de aprovechamiento de nuestra
audición, y no por su nivel de sensibilidad.
Aunque, la expresión “problemas de comunicación” contiene
indudablemente un carácter muy general, y que las dificultades de
comunicación podrían tener causas muy diversas y variadas, es seguro
que, una proporción enorme de estas últimas encuentran su origen en
distorsiones que resultan de la función de escucha.
Tomatis demostró muy bien, que estas dificultades podían ser
detectadas y analizadas directamente por la evaluación del grado de
distorsión global de la escucha.
En realidad, esta función se define como la combinación particular
de una totalidad de mecanismos perceptivos correspondiente cada uno
a una dimensión de la escucha específica. Cada una de estas
dimensiones se puede revelar por un indicador que permite ser medido
y que refleja el grado de funcionamiento del proceso que le
corresponde. La totalidad de las mediciones define así una
combinación particular de la actividad de los mecanismos que
constituyen la función de escucha. Esta combinación se puede
considerar como un perfil de funcionamiento propio a cada persona,
que se denomina un 'test de escucha'.
Se definió que, siete dimensiones principales constituyen la función
de escucha: la composición armónica, el grado de adaptación, la
selectividad intrínseca, la selectividad extrínseca, la
espacialización, el equilibro, y la lateralidad. Durante un primer
chequeo en un centro Tomatis, estos parámetros una vez evaluados,
dan lugar a una explicación concisa.
Así, dependiendo del test de escucha que representa una síntesis de
la distorsión global de la escucha, las dificultades de comunicación
podrán tomar formas muy diferentes.
Por ejemplo, pueden manifestarse por una incapacidad de aceptar y de
recibir los sonidos que nos rodean, sin ser agredidos por ellos: el
claxón, el portazo de una puerta, el ambiente sonoro elevado en un
restaurante, pero también ciertas voces, como las de un colega de
trabajo, de un pariente, de un(a) amigo(a)...
Para algunos, el trastorno puede radicar en la dificultad de
entender rápidamente la significación de un mensaje verbal incluso
simple, aunque éste último haya sido oído perfectamente, y en la
tendencia a movilizar todos sus recursos con respecto a la atención
para verificar si la interpretación del mismo mensaje es errónea o
correcta.
Para otros, no será posible utilizar su voz como un verdadero
instrumento de comunicación, por falta de control de sus diferentes
componentes prosódicos: entonación, inflexiones, ritmo, intensidad.
La voz, independientemente de toda intención del hablante, será
entonces percibida como agresiva, fría, o desprovista de todo poder
de expresión por el interlocutor que la recibe.