A finales de los años 40, durante sus primeras experiencias
referentes a las contra reacciones audio vocales, Tomatis había
observado cambios singulares en la dinámica del comportamiento de
los cantantes y de los comediantes.
Según la zona de frecuencias sonoras que les era estimulada de
manera auditiva, éstos eran cada vez más dinámicos, tenían una
postura correcta, respiraban mejor y hablaban o cantaban más
fácilmente; o por el contrario, se desplomaban y caían rápidamente
en una especie de fatiga de la que no se podían deshacer.
Éste último estado, caracterizado por una pérdida de energía, los
privaba de toda posibilidad de emisión vocal de calidad, ya fuera
cantar o hablar, o también de las ganas de hacerlo.
Sólo las frecuencias que corresponden a las zonas de los sonidos
agudos permitían establecer la primera categoría de reacción, de
tipo dinámico.
Por el contrario, los sonidos graves, que no tenían componentes
frecuenciales agudos, ocasionaban sistemáticamente las reacciones
inversas caracterizadas por un aumento del cansancio.
Estos resultados fueron observados más tarde varias veces, no sólo
para cantantes y comediantes, sino generalmente para todas las
personas que realizaron un proceso con el oído electrónico.
Gracias al enunciado establecido por Tomatis, por el cual la voz
puede reproducir sólo lo que el oído puede, y sobre todo acepta
escuchar (primera ley Tomatis).
Así, incitar a una persona a darle preferencia a la percepción de
los sonidos agudos, tiene como consecuencia permitirle tomar energía
continuamente, por medio de su propia voz. Esta última puede así
convertirse en el vector de un fenómeno de auto estimulación
permanente de su propia dinámica.
En efecto, los sonidos enriquecidos de armónicos altos, producen un
efecto de estimulación en una gran parte de la red nerviosa, llamada
'formación reticulada', que controla el nivel global de actividad
del funcionamiento cerebral. Esta parte del cerebro está muy
implicada en los mecanismos de interés, de vigilancia y de atención
a un nivel máximo.
Es la razón por la cual, estos sonidos van a ejercer una acción
estimulante, favoreciendo la puesta en marcha de estos mecanismos.
Estos desempeñan un papel capital en el aumento del nivel de las
actividades de nuestra corteza cerebral, que contribuye a la
eficiencia de un número importante de procesos implicados en la
memoria, la concentración y el aprendizaje.
Se entiende, de esta manera, todo el interés de un proceso destinado
a educar o reeducar el oído para percibir suficientemente los
componentes armónicos elevados de los mensajes sonoros que le llegan.
Entonces, cada sonido puede convertirse en una fuente inagotable de
dinamización, si se entrena al oído, a través de un filtrado
apropiado, que consiste en minimizar el impacto de sus componentes
graves poco regenerativos, e incluso agotadores, valorizando al
mismo tiempo sus componentes agudos, fuentes de estimulaciones
tonificantes.
Tal proceso, al mejorar el estado general de la dinámica cerebral,
le permite así, a toda persona cansada o deprimida, recuperar de
nuevo su pleno potencial de funcionamiento a largo plazo.