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El estrés se ha
convertido en pocas décadas, en una de las mayores calamidades
de nuestra civilización, no sólo a nivel del individuo sino
también a nivel de la sociedad.
Aproximadamente, 600 millones de jornadas de trabajo se pierden
cada año en la Unión Europea, por causa de estrés. A pesar del
uso trivializado del término �estrés�, este último recubre una
noción muy compleja y difícil de precisar, porque se sitúa en el
cruce entre la biología y la psicología. Se puede definir como
un conjunto de
reacciones fisiológicas y psicológicas que resultan de una
solicitud o de una presión del medioambiente y que necesitan un
esfuerzo de adaptación.
El hombre, desde que existe,
siempre ha estado sometido al estrés porque, siempre, tuvo que
hacer frente a situaciones susceptibles de engendrar
reacciones, permitiéndole al organismo una adaptación con el
fín de conservar su equilibro interior. Por lo tanto, cierto
nivel de estrés es necesario e incluso estimulante para
algunos tipos de personalidad.
Entonces, el problema no es la existencia del estrés, sino más
bien, el de la superación de un cierto umbral
a partir del cual puede volverse peligroso para nuestro
equilibro físico y psíquico.
Los elementos que generan el
estrés son muy numerosos: pueden venir del medioambiente (ruido,
calor, frío, virus?), del medio familiar, profesional o
social.
Estos factores van a
activar reacciones del sistema nervioso y hormonal,
destinadas a permitirle al organismo defenderse contra la
agresión que éste sufre: aumento de la tensión arterial,
aceleración del ritmo cardíaco y de la respiración, aumento de
la tasa de azúcar en la sangre, del interés y de la tonicidad
muscular.
No obstante, si estos agentes
persisten o se repiten con frecuencia, las reacciones
de defensa se vuelven crónicas y, la enfermedad o el trastorno
psicosomático se instalan: fatiga, ansiedad,
problemas cardiacos, hipertensión, problemas digestivos,
tensión muscular, e incluso, alteración del equilibrio
inmunitario?
Frente a un
medioambiente estresante, existen dos opciones:
- ya sea, lograr controlarlo modificándolo o evitándolo, pero en
la realidad, siempre no es posible, sobre todo en el medio
profesional.
- ya sea, volverse menos vulnerable al estrés, aprendiendo a
dominar sus reacciones frente a los acontecimientos o
situaciones que lo provocan.
Es en este
segundo punto, que se focaliza todo el interés de las sesiones
con el Método Tomatis, aplicado a la gestión del estrés, y cuyo
propósito es el de
obtener un control satisfactorio de las reacciones que el
estrés genera, a pesar de las agresiones que se repiten y que
pueden atacarnos.
En efecto, un entrenamiento
auditivo específico puede ser propuesto, lo que va a producir
un efecto duradero de regulación y de armonización,
a la vez en el conjunto de las tensiones corporales y en los
recursos energéticos. Este entrenamiento va a permitir la
elaboración de estrategias emocionales y cognoscitivas
de control que podrán ser activadas en caso de
necesidad, con el fin de vivir más serenamente toda situación
potencialmente difícil.
Así, estas estrategias de adaptación, que encuentran su orígen
en una remodelación muy específica de la función de escucha,
tienen por objetivo, la disminución o la eliminación del
estrés, porque van a permitir que, cada situación o
acontecimiento, considerados hasta ahora como una fuente de
agresión, sean percibidos de una forma diferente y más
positiva.
Asi pues un tal reajuste, va a tener como consecuencia,
un aumento de la eficacia o de resultados durante
todas las activadas cotidianas.
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